El ascensor
Cada cierto tiempo sueño con un ascensor. Por fuera es normal, con su puerta de entrada, su botón de llamada y su ventanilla que, al llenarse de luz, te indica que ha llegado. Por fuera es normal, pero cuando entro, ya deja de serlo. En el ascensor siempre hay alguien. A veces es un niño pequeño, otras un adolescente y en la minoría de los casos, un adulto. Nunca me preguntan adónde quiero ir, pero tampoco es que lo sepa con certeza. Sin embargo, ellos siempre lo tienen claro. Y cuando miro los números de las plantas –las opciones-, veo que nada era lo que parecía cuando me metí en él ¿Es que acaso no es el ascensor de los pares? ¿Por qué hay números impares? ¿Por qué hay entreplantas? ¿Y los números con decimales? Para cuando lo he descubierto, las luces parpadean. Unas ocasiones son azules, otras moradas. Yo no entiendo nada y quien me acompañaba ya no está. Supongo que ya había llegado a su destino ¿Verdad? En medio del caos me acuerdo del sitio al que quería ir, pero ya no estoy ...