Entradas

Calma

  Mi calma es la sombra próspera de una pared que refleja soles de lluvia y un cimiento serpenteante y animoso, un relato de memorias que quebraron tiempo atrás, y la aparición gravosa de fantasmas inexpertos. Parpadear es un error para quien busca la paz en una luz que titila, que se aleja en un destello, como una lucha incesante de vigías abatidos contra las nocturnidades. Un miedo brota de mí, de mis entrañas, yaciente en un extraño sosiego, y se mueve con cuidado, por laberintos de piel curtidos en mi tejido. La tenuidad manifiesta del acontecer se enrosca en la nulidad de un yo temeroso, temerario.

Casi primavera

Con el rostro lleno de flores me besas en la miel. Un escenario anaranjado abraza jocoso el encuentro, y el carrousel de brisas lo acompaña en su labor, agitando con gracia los caballos,  los carros y las esquinas. Una danza, no mía, no nuestra,                           alrededor, un movimiento sin compás,                      rebasado de hojas  que están secas y crujen. El baile cesa solitario, y ya nadie se une,               sino que observan las paredes de pintura caída  y las canciones que se han arrugado.

Morada incierta

Bucles de satén se enroscan enemigos a la piel, y vacíos de hilos tensos marcan el cuerpo con hiel. Cárcel aterciopelada de un ser a su ser infiel que aprisiona sin saberlo, como una jaula de miel. No hay huida, tampoco fuga descarriado ya tu riel,  sin elección deseada, todo se tiñe de buriel. 

Selva urbana

V erdes selvas se manifiestan en los rincones grises, deslucidos, de aceras mal acondicionadas que se coronan de señales verticales. Un señor camina sobre estas, perturba la soledad de la callejuela y se convierte, finalmente, en el solemne protagonista de esta. Y del modo en que se adentra al pasaje de techo celeste y cableado, se desvanece en aire urbano, sin importancia alguna y toda. Las hojas inundan las paredes de papel, todo artificial, todo aclimatado, todo natural. Como suele ser, como se decidió que fuera.

Alucinación

Una bruma vela los párpados que cubren alegorías, visiones de lo extraordinario, nocturnos agridulces. En mis oídos serpentean rugidos de paredes que absorben cortinas de movimientos elegíacos. ¿Cantarán también las secuencias de voraces colores cuando la tempestad amotinada en mi pecho huya entonces?

Indigestión

Como una indigestión  Por un gesto inherente pesan las gotas una a una en mi estómago astringente.  Palabras cualquieras  se deconstruyen con su ente Sin miradas y sin acciones,  Solo con un silencio vehemente.  No hay necesidad de hablar,  Apenas un incordio (in)consciente Hace temblar las faces,  Con tal don para con la gente.  Ni es desdicha ni impiedad,  Siquiera turbación del alma ausente,  no por mí, no por nadie,  Sino por ti única y exclusivamente.

Retrato de una sombra del ayer

 A veces estás. Te manifiestas como un espectro en los pasillos sombríos de mi casa. Me tengo que recordar a mí misma entonces que eres una memoria prófuga de un ayer inacabado. Te deslizas por las esquinas agudas de mi casa, entre las penumbras de esta, vigilando y, al mismo tiempo, no dejándote vigilar. Y cuando sé que estás, cuando noto cómo las paredes blancas, de gotelé, de mi casa se convierten en un triste fondo para tu fantasmagórica aparición, te desvaneces en un haz de luz. No eres la sombra de un alguien que se marchó hace tiempo, ni tampoco una premonición de un mañana tardío. Eres solo un visitante extracorpóreo que mora en mi hogar, en mi mente, en mi ser entero. Que vaga, taciturno, en busca de palabras y gestos que ni yo transmití, ni tú expediste. Ocupas entonces la inmensidad de mis habitaciones, y al mismo tiempo las vacías, vaciándome a mí con ellas. En esas veces en que creo que estás, recuerdo que no estás, que nunca estuviste, que nunca fuiste. No al menos co...