Retrato de una sombra del ayer
A veces estás. Te manifiestas como un espectro en los pasillos sombríos de mi casa. Me tengo que recordar a mí misma entonces que eres una memoria prófuga de un ayer inacabado. Te deslizas por las esquinas agudas de mi casa, entre las penumbras de esta, vigilando y, al mismo tiempo, no dejándote vigilar. Y cuando sé que estás, cuando noto cómo las paredes blancas, de gotelé, de mi casa se convierten en un triste fondo para tu fantasmagórica aparición, te desvaneces en un haz de luz. No eres la sombra de un alguien que se marchó hace tiempo, ni tampoco una premonición de un mañana tardío. Eres solo un visitante extracorpóreo que mora en mi hogar, en mi mente, en mi ser entero. Que vaga, taciturno, en busca de palabras y gestos que ni yo transmití, ni tú expediste. Ocupas entonces la inmensidad de mis habitaciones, y al mismo tiempo las vacías, vaciándome a mí con ellas. En esas veces en que creo que estás, recuerdo que no estás, que nunca estuviste, que nunca fuiste. No al menos co...