Tengo sueño
Tengo sueño. Los párpados ardientes me pesan, la cabeza se
me despega del cuerpo y siento que mi alma intenta escapar de este, notando su
pesadez y fatiga. Hasta escribir esto me cuesta, porque toda la energía ha
huido de mi ser. Veo las cosas duplicadas: la pantalla del ordenador, las
letras desordenadas de una pizarra y las personas a mi alrededor danzan en un
baile esperpéntico. Mis ojos se enredan y luchan por mantenerse estables en un
punto fijo. Una parte de mí quiere mantenerse en la vigilia, pero la otra añora
el mundo onírico. Las sombras tempestuosas de la realidad me abruman, quiero huir
a la nocturnidad, donde la luna calmada y la dulce oscuridad permiten que me
abandone a las dulces imágenes de mi mente somnolienta que tantas alegrías me
propician y que me evaden del pésimo naufragio en el que mi velero ha sido
sumergido. Nunca aprendí a valsar, por lo que siempre me balanceé de un lado a
otro, luchando por mantener el ritmo equilibrado que el universo marcaba, pero
he descubierto que es inútil, porque mi metrónomo dejó de funcionar hace mucho,
así como mi brújula. Durante las horas en que me encuentro despierta, deseo
fundirme con las felices sábanas que me cubran enteramente junto con la
nebulosidad. No temo a otras sombras que a las que se generan cuando una
persona se expone a la luz, ya que a las mías propias las conozco y me he acostumbrado a su presencia y compañía, los verdaderos fantasmas que habitan mi morada. En realidad, no sé a qué temo, pero quiero huir. Quiero huir, pero no sé de qué huyo. No sé de qué huyo, porque mi brújula y mi metrónomo se han perdido en un mar agitado de lágrimas saladas, sudor febril y angustia fría.
Tengo sueño, buenas noches.
Rocío N.G
Rocío N.G
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