Como una indigestión Por un gesto inherente pesan las gotas una a una en mi estómago astringente. Palabras cualquieras se deconstruyen con su ente Sin miradas y sin acciones, Solo con un silencio vehemente. No hay necesidad de hablar, Apenas un incordio (in)consciente Hace temblar las faces, Con tal don para con la gente. Ni es desdicha ni impiedad, Siquiera turbación del alma ausente, no por mí, no por nadie, Sino por ti única y exclusivamente.
Una bruma vela los párpados que cubren alegorías, visiones de lo extraordinario, nocturnos agridulces. En mis oídos serpentean rugidos de paredes que absorben cortinas de movimientos elegíacos. ¿Cantarán también las secuencias de voraces colores cuando la tempestad amotinada en mi pecho huya entonces?
Bucles de satén se enroscan enemigos a la piel, y vacíos de hilos tensos marcan el cuerpo con hiel. Cárcel aterciopelada de un ser a su ser infiel que aprisiona sin saberlo, como una jaula de miel. No hay huida, tampoco fuga descarriado ya tu riel, sin elección deseada, todo se tiñe de buriel.
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